Siempre nos quedará el golf

Dentro de los deportes que pueden existir en el mundo, muy pocos son los que fortalecen una relación familiar (de forma activa) igual que lo hace el golf.  Ya sea entre padres-hijos o la familia entera,  se puede practicar solo o hasta 4 personas juntas a la vez.  Sin duda podríamos decir que este deporte se considerar REY en el ámbito familiar.

Escuchando las historias de mis alumnos y sus inicios en el golf, todos ellos coinciden en un pequeño comentario, “fue mi padre/madre quien me trajo por primera vez a una cancha de prácticas” y a día de hoy, yo como instructor, he vivido de primera mano varias historias parecidas (y si, fue mi padre el que me llevó por primera vez a una cancha de prácticas).

La grandeza de este deporte no solo reside en su enorme complejidad y belleza a la hora de practicarlo. Es un deporte que demanda compromiso, seriedad y entrega si pretendemos “dominarlo” (igual que todos los demás podéis estar pensando), la única diferencia es que en el golf, nuestro rival más fuerte siempre será nuestra mente, no nuestro compañero de partida.

El golf otorga valores de respeto, deportividad y superación (aprendemos a lidiar con la frustración y sentir como nuestro, el exito de nuestros compañeros).  De iniciarse a una edad temprana, fortalecerá el sentido de estos valores en los más pequeños, además de ligarles al deporte, ya sea a este o a cualquier disciplina, pero estarán vinculados a una forma de vida sana y aprenderán a disfrutar de lo que es estar al aire libre y no encerrados delante de una pantalla, (cosa que algunos adultos también hemos olvidado), qué mejor excusa para salir a disfrutar juntos o solos.

Ya sea a nivel amateur o profesional la vida del golfista siempre estará llena nuevas experiencias y sin darnos cuenta, hasta nuestras vacaciones pueden acabar centrándose en golf, eligiendo destinos turísticos del agrado de todos, con un mismo denominador común, este bello deporte.

He visto parejas preparándose en la cancha de prácticas para una buena partida y he visto como el marido no para de dar consejos como si del propio Tiger Woods se tratará, para en un par de horas, ver a la mujer sacándole los colores al marido por que ha ganado ella.

He visto a pequeñas estrellas emular a sus padres como si de su mayor héroe se tratará, misma gorra, mismo atuendo, misma bolsa aunque es más grande que ellos.

He visto niños enfadarse y a padres dejarse ganar para devolverles la sonrisa y que sus hijos acabasen enganchados.

He visto madres acudir a mis clases para ver a sus hijos practicar y a escondidas agarrar un palo y probar este juego.

He visto amigos discutir sobre quien le pega más fuerte y aunque ambos hagan 100 golpes por vuelta, siempre quedará esa lucha de egos, esa eterna lucha entre dos Goliat que no quieren ser David (aunque cabe recordar que ganó David) para después pasar a una infinidad de excusas que nos darán conversación para un par de días.

He visto personas entradas ya en cierta edad,  tirar de su libreto de astucia, para ganar a ese nieto que parece Superman, pero que aún tiene mucho que aprender.

Haga sol, lluvia, viento o frío…

Siempre nos quedará el Golf…